DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD EL 30 DE NOVIEMBRE DE 2000

No existe un elemento más unido a la identidad ilimitada que el palmeral. El paisaje formado por los huertos de palmeras de Elche, con sus complejos sistemas de riego, fue estructurado en el siglo VIII d.C., cuando una gran parte de la península ibérica estaba bajo la dominación musulmana. No obstante, hay buenos motivos para pensar que quizás su origen sea más antiguo y se remonte a la época del asentamiento de los fenicios y los romanos en la región. El Palmeral es un ejemplo único de las técnicas agrícolas árabes en el continente europeo.

El Palmeral de Elche es un destacado ejemplo de transferencia de características del paisaje de una cultura a otra, en su caso, desde el norte de África a Europa. Los huertos de palmeras son un rasgo típico del paisaje de los países del norte continente africano, introducidos en Europa durante la ocupación islámica de gran parte de la península ibérica, y que han permanecido hasta nuestros días, manteniendo su sistema de riego original.

El de Elche es el único palmeral en su género existente en el continente europeo, un paisaje excepcional en este contexto geográfico. Geógrafos árabes y viajeros europeos han sido testigos de sus cualidades extraordinarias a lo largo de la historia. Junto al palmeral han permanecido tradiciones agrícolas árabes, legado de sus ocho siglos de presencia en la península ibérica.  Sin embargo, se han encontrado restos arqueológicos de la época de los íberos y romanos que indican que estas plantaciones de palmeras son anteriores a la etapa de dominación árabe.

Los orígenes del palmeral se atribuyen a los fenicios y cartagineses, en torno a mil años A. C., puesto que los dátiles formaban parte habitual de su dieta. Fue con la invasión árabe en el siglo VIII A. C. cuando los huertos de palmeras comenzaron a cultivarse y tomaron el aspecto que presentan hoy. Los árabes establecieron una red de canales de riego que permitía el aprovechamiento de las aguas del río Vinalopó. Al mover la ciudad hacia el norte, recrearon el paisaje típico del norte de África.

En el año 1265, en el reinado del rey cristiano Jaime I el Conquistador, los huertos se redistribuyeron. Las tierras fértiles a la izquierda, irrigadas por la Acequia Mayor, se entregaron a quienes apoyaron la reconquista. Esta zona contenía numerosos huertos de palmeras, algunos de los cuales han sobrevivido hasta el día de hoy. Las tierras poco fértiles del flanco derecho fueron asignadas a los moriscos que, pese a su mala calidad, consiguieron un nivel destacable de productividad que finalizó drásticamente con la expulsión de los moriscos en 1606.

Los huertos de palmeras continuaron produciendo cultivos aunque estos fueron disminuyendo a medida que la ciudad se expandía a lo largo del siglo XVII, provocando que se cortaran muchas palmeras. Este proceso se exacerbó con la industrialización y la llegada del ferrocarril en el siglo XIX. No fue hasta la década de 1920 cuando se reconoció el peligro que corrían los huertos de palmeras. En la década siguiente, 1930, se legisló para protegerlos, una legislación que tendría su continuación con la Ley de Protección del Palmeral de Elche de 1986.

Las palmeras datileras de Elche son una especie dioica nativa del oeste de Asia y el Norte de África. Pueden alcanzar una altura de más de 30 metros y vivir alrededor de 300 años. Los huertos tienen forma cuadrada o rectangular sobre el plano (unos pocos son triangulares). Las palmeras se plantan en filas de una o de dos, siguiendo las líneas de los canales de riego.

La palmera es también un elemento central en la cultura ilicitana, presente en distintos momentos como la celebración del Domingo de Ramos, con la palma blanca; en la noche de Reyes, cuando se queman las “atxes”; o en el Misteri d’Elx, donde el apóstol Juan entrega en un momento de la obra una palma blanca a la virgen María antes de que ésta muera. Además, están presentes en el escudo de armas de la ciudad.